RENCENSIÓN (2)

Título: ACONTECERES (Sombras del ayer)
Autor: Jesús Cerezal Fernández
Editorial: TLEO, Granada

Titulo esta recensión con el número (2), porque voy a hablar de un libro “Aconteceres” cuyo autor es el mismo de aquel otro libro, titulado “Pintor de Sueños”, del que ya publiqué, no hace mucho, una recensión, que debería haberla titulado como Recensión (1).

El libro “Aconteceres” surge de la pluma de un verdadero maestro de la narrativa, mitad escritor, mitad poeta.   Y surge con tal fuerza, que resulta casi imposible empezar a leerlo y cerrarlo antes de terminar. A lo largo de 159 páginas, con su habitual prosa, salpicada con tonos poéticos y envuelta en una gran sensibilidad, Jesús relata los “aconteceres” de la vida de un personaje, desde su infancia hasta una edad que, aunque no lo menciona, se diría que bastante avanzada.

 Como si su alma de poeta quisiera hacer competencia a la del escritor, entre capítulos, intercala una serie de hermosos poemas; todos con fondo real, y con una construcción literaria magistral. Alguno de sus versos me recuera al poeta alemán del siglo XVIII Johann Gottfried von Herder.

Aunque quizá sea un tanto temerario, por mi parte, me atrevería a decir que, a grandes rasgos, relata los aconteceres de su propia existencia. Apoyándose en un extensísimo vocabulario, nos relata la vida de un niño, de familia humilde, en un pueblo labrador y minero de la montaña de León, que desde su más tierna infancia se ve obligado a pastorear ovejas y vacas para poder comer, aunque como él dice: “ya fuera sólo un plato de caldo”.

Nos relata las vicisitudes sufridas por ese niño -ya con algunos años más- durante su paso por la diáspora en busca otros medios de vida; de cómo tuvo que adaptarse a otras formas de vida muy diferentes de las que él conocía, como es la vida en las grandes ciudades; de cómo pudo pasar de pastorear vacas y ovejas a estudiar y, con frases cargadas de morriña, nos cuenta lo mucho que añoraba a su pueblo, a sus montes y a sus gentes.  Pasados los años, con profundo sentimiento, nos cuenta su paso por la docencia a la que ha dedicado gran parte de su vida, dejando entrever la nostalgia que le embargaba al recordar a sus alumnos.

Años más tarde, cuando de vacaciones regresaba a su pueblo, durante el viaje, rememorando otros tiempos, le embargaba la emoción al recordar a las gentes del pueblo. Rememoraba los caminos y praderas por donde había corrido y pastoreado. A su memoria, como sombras fantasmagóricas del pasado, llegaban los rostros de varios de sus parientes y vecinos, ya fallecidos, como era el caso de su tío Francisco, fallecido a edad temprana a consecuencia de la silicosis (enfermedad del minero). Recordaba las viejas casas de labranza con sus chimeneas lanzando al cielo su grisáceo haz de humo con olor a leña quemada; recordaba el chirriar de los ejes de los carros cargados de hierba y, cómo no, a los mastines, verdaderos compañeros de otros tiempos, tumbados a la sombra, en los días de calor. Pero todo había cambiado. El pueblo le resultaba desconocido. Nada de cuanto recordaba aparecía ante sus ojos y, al contemplarlo, sentía un gran vacío en su alma. Quizá, porque su retrospectiva mirada hacia el pasado, como dicen los veros de Machado, le llevaban a contemplar la senda que nunca volvería a pisar; tal vez, porque paseando por alguno de sus caminos y praderas, escondida entre urces y piornos, temiera tropezarse con su perdida juventud.  

Piorno-Kirschenfeld

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