VENDER EL ALMA AL DIABLO

No es cosa nueva lo de vender el alma al diablo. Ya en 1604, doce años después de su muerte, se presentó la obra de Marlow, Faustus. La obra trata la historia de Faustus, un científico que en su búsqueda del conocimiento decide vender su alma al diablo para conseguir el favor de Mefistófeles, uno de los siervos favoritos del diablo. El científico consiguió lo que con tanto anhelo deseaba, pero el diablo le dio un plazo de 20 días, pasados los cuales iría a por su alma.

En 1808 Götte escribió la novela Faust. Trata de un hombre solitario e iracundo que vende su alma al diablo logrando de esa manera gozar de una vida grandiosa, con grandes conocimientos, placeres y ancianidad. También en este caso le fueron concedidos sus deseos, pero como en el caso anterior, todo lo conseguido tenía plazo de caducidad.

En 1947 Thomas Mann publicó la novela Doktor Faustus -una crítica a los alemanes que, por ignorancia, vendieron su alma al dios del nazismo, cuyo Mefistófeles hacía llamarse Hitler-, en la que el músico Adrian Leverkühn vende su alma al diablo para poder convertirse en un músico excepcional. Como en los casos anteriores, también le fueron concedidos sus deseos. En este caso, el plazo de caducidad es de todos conocido.

Hay muchas formas de vender el alma al diablo; un buen ejemplo, es el de Pedro Sánchez. Nuestro presidente del gobierno, a cambio de poder sentarse en la poltrona de La Moncloa y de obtener un poder omnímodo, vendió su alma a un diablo masón cuyo Mefistófeles se llama Georges Soros. Todo lo deseado le fue concedido, pero, vencido el plazo que exige el diablo -en este caso fue un plazo muy corto-, Pedro Sánchez se ha convertido en el caballo de Troya del nuevo orden internacional; orden que trata de imponer el poderoso grupo masónico que domina la economía mundial, entre cuyas filas, por orden de importancia, se encuentran los Rotschild, Rockefeller, Morgan, Du Pont y Busch. Todos ellos banqueros asentados en los Estados Unidos de América, y que, además de banqueros, todos son poseedores de un sin fin de negocios, haciendo que todo el mundo gire a su alrededor.

Este es el gobierno que, a bombo y platillo, preconizaba -al más puro estilo Robin Hood- que exigiría más dinero a los poderosos para ayudar a los más desfavorecidos, cuando la realidad es que, a través de su Mefistófeles, está haciendo todo lo contrario. De risa, si no fuera tan trágico.

La diferencia entre los anteriores vendedores de almas y Pedro Sánchez radica en que aquellos pagaban sus prebendas al diablo a título personal, mientras que, en el caso de nuestro amado presidente, el coste de las prebendas conseguidas lo pagamos la mayoría de los españoles. Pedro Sánchez se ha convertido en el lacayo servil del capitalismo más salvaje que uno pueda imaginarse, dejando que pequeñas empresas y autónomos se hundan en la miseria, aun sabiendo que con ello arrastra al país a la pobreza más absoluta. Buena prueba de ello es ver con qué entusiasmo le aplauden los empresarios del Ibex-35. He aquí un ejemplo sangrante: El Centro Nacional de Investigaciones Sanitarias, quien está llevando a cabo, entre otras, una investigación con el fin de descubrir un medicamento que anule, en lo posible, los efectos del corona-virus, solicitó al ministerio de sanidad que, para continuar con la investigación, necesitaban un aumento del presupuesto. La ministra Carmen Calvo -la que dijo que el dinero público no es de nadie-, sin titubeos, respondió que no había dinero. Unos días más tarde, concretamente el sábado 12 de septiembre de 2020, para mi asombro, leo en el B.O.E. que la mencionada ministra aprueba una dotación de 750.000 € para abrir fosas. Mi escasa imaginación no acierta a comprenderlo, salvo que, efectivamente, el diablo esté detrás de todo esto.  

One thought on “VENDER EL ALMA AL DIABLO

  1. El vender el alma al diablo como bien apuntas amigo Piorno, no es nada nuevo y me temo que seguirá siendo mientras existan seres sin escrúpulos.
    Pero el caso del presidente de este país, (no le reconozco como mi presidente), su alma la ha vendido no solamente al diablo -cuya inteligencia esta fuera de toda duda-, sino a un grupo de “majaderos” con dudosísima formación profesional y moral para desempeñar sus cargos, y que más pronto que tarde serán la causa de su tragedia.
    Ha vendido su alma mintiendo no solamente al diablo, sino también a todo aquel que con infinita paciencia, estupor y repulsa escucha asombrado sus eternas contradicciones.
    Solo un ejemplo de los muchos posibles, fue el “tierno” abrazo con Iglesias, después de asegurar que pensar en él le quitaba el sueño.
    La pérdida de credibilidad de una persona es lo más terrible que nos puede suceder, ya que aun en el caso de que diga la verdad, esta será siempre condenada por la duda.
    Este es mi caso con respecto al Presidente Pedro Sánchez.

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