La llegada de la Navidad, a las personas mayores, nos retrotrae a los tiempos de nuestra infancia. Eran tiempos lejanos, cuando toda la familia —abuelos, padres y hermanos—, sentados a una misma mesa, cenaban en paz y armonía; tiempos en los que la familia era aún el núcleo central en torno al cual se desarrollaba la vida comunitaria. Sus miembros, aunque estuvieran diseminados por los cinco continentes, en esas fechas jamás faltaban.
En cierto modo, como es lógico, los ancianos solo podemos mirar hacia atrás, hacia el pasado, puesto que es lo que tenemos: pasado. El futuro, si es que nos queda alguno, es a muy corto término; tan corto que no va más allá de nuestra estación final, la que, en no pocos momentos, sin necesidad de esforzarnos, ya alcanzamos a vislumbrar en el horizonte.
Pasado, en cambio… ¡eso sí que tenemos!, aunque recordar todo el trayecto, en muchos tramos, sea doloroso. Para los que nacimos al final de la Guerra Civil, incluso el tramo de la niñez, lamentablemente, nada tuvo de sencillo, especialmente para aquellos niños que, fruto de las decisiones sin sentido de algunos adultos, tuvieron que crecer sin el amparo de un padre al que, sin siquiera haber conocido, una guerra fratricida privó de su compañía.
La senda desde el final de la adolescencia hasta la vejez, para muchos de aquellos niños, aunque con tramos favorables, en general ha sido dura y muy pendiente.
Ahora, pasados los años —años que transcurrieron con más rapidez de la que hubiéramos podido imaginar—, es cuando somos conscientes de que éramos nosotros quienes parecíamos tener prisa por alcanzar la cúspide. A pesar de lo empinado de la cuesta, corríamos sin pararnos a pensar que, al llegar a la cima, todo lo que podríamos hacer sería mirar hacia atrás, ya que por el camino recorrido no se podía retroceder.
Ahora, a través del prisma de la Navidad, cuando vemos que se acerca el final del camino, miramos hacia abajo y, con honda tristeza, contemplamos todo aquello que hemos dejado atrás… ¡Santo cielo! ¡Cuántas tumbas sembradas al borde del camino!
Recordando a nuestros padres y hermanos, así como a nuestros mejores amigos, se nos encoge el alma y es, sobre todo, en ese momento cuando desearíamos descender y empezar el camino de nuevo. Pero, como dice el poema de Machado:
“Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar”.
Ay hermano! Cuántos recuerdos en tan pocos años de vida. Esto de ahora no tiene nada que ver con nuestro pasado, parece un simulacro de aquello vivido por nosotros, los que nacimos en un país que no aprecia que empezaba a recuperarse de la guerra civil, eso sí, con mucho esfuerzo y trabajo, yo tadavia recuerdo que lus menetos de la época trabajaban durante la semana un tiempo extra que era obligatorio y sin cobrar para ayudar a levantar el país. Supongo que tú también te acuerdas. Y qué en la mesa de Navidad solo había turrón del duro y del blanco y ninguna tontería más.
Pero el tiempo pasado en esas mesas con toda la familia cenando y comiendo, por irrepetible, es un recuerdo maravilloso.
Y estoy de acuerdo contigo, perdimos muchos seres queridos, familia, amigos, compañeros… Pero para ellos siempre en mi mente hay un pensamiento y un fuerte abrazo en el corazón. Y no solo en en estas fechas, si no durante todo el tiempo que dura su ausencia.
Y bueno, hay que mirar al frente y tirar p’adelante, siempre.
Un fuerte abrazo
Perdonar las faltas, el corrector puede conmigo.
Los mineros son los trabajaban horas demás y gratis total
Querida hermana Xiplina,
Me alegra leer tus siempre emotivos comentarios. En estas fechas es imposible no dejar viajar a la memoria. Aunque de muchos de los que se fueron los recordemos constantemente, cuando llega la Navidad -al menos a mí me pasa- los recuerdos afluyen con más fuerza. Es imposible no recordar aquellas cenas en familia y aquellos calechos entorno al brasero.
De corazón deseo que, como mi hermana del alma que eres, tanto tú como todos los tuyos, tengáis un año 2026 pleno de salud y felicidad.
Un abrazo para todos.
PD.: Olvídate de las posibles faltas de ortografía. Eso no importa en absoluto. Si hay alguna yo no me he dado cuenta.