OTRO AÑO MÁS EN LA BRAÑA DE ORALLO

Posando delante de un precioso y florecido capudre. De izquierda a derecha: Quinito, Gelín (el cocinero de las sopas), Víctor (acordeonista), Javier (el anfitrión), Ulpiano (acordeonista importado recientemente de Tejedo), Santines (marido de la excelente obradora de postres) y Pepe el del sastre. Sentados, como corresponde por edad, a los patriarcas del grupo: Paco y Pedro. En la foto, por actuar de fotógrafo, falta el personaje principal: el pescador y cocinero de las truchas: El gran Paco Sierra.

Como se podrá observar, todas las truchas dan la medida exigida por la autoridad competente.

Después de la comilona, para hacer la digestión, los acordeonistas, magistralmente, amenizaron la sobremesa con hermosas canciones de nuestra tierra. No faltó quién, echándole una gran dosis de valor, se atrevió a cantar alguna de ellas.

Pedro y Paco, sentados al pie del hermoso capudre, al pairo de un culín de sidra escanciada por el maestro Paco Sierra, disfrutaban del hermoso día, en animada conversación; conversación que, además de otros temas, versaba principalmente sobre el recuerdo de aquellos amigos que otros años y, por exigencias de la vida, ya no están entre nosotros.

El año anterior, cuando al finalizar la jornada volvía a casa, me formulé un deseo: que un año más, todos y cada uno de nosotros pudiéramos disfrutar de la comida de las truchas. Hoy, doy gracias, porque no sólo estuvimos todos los del año pasado, sino que, incluso, el grupo aumentó. Para ser exacto, todos los del año pasado no estuvimos, porque faltaron Jose y su hijo, a los que, por cierto, eché de menos, pero la falta no fue por nada grave; el motivo fue debido a encontrarse de viaje.

Piorno Kirschenfeld

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